Volcán Montecristo: Un rincón desconocido en el montañismo guatemalteco.

volcán montecristo

En los años que llevo explorando y caminando a través de las montañas guatemaltecas, pocas veces me he topado con lugares tan verdes y húmedos como el Volcán Montecristo.

Montecristo es parte de la Reserva Biosfera trifinio, la cual está ubicada en tres países: Guatemala, Honduras y El Salvador.  Sin embargo, el Volcán en sí se ubica en el lado guatemalteco, muy cercano a la localidad de Esquipulas, accediendo desde una pequeña aldea llamada Plan de la Arada.

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El Oriente guatemalteco es famoso por su clima árido y muy cálido; lo que hace que los capitalinos acostumbrados a temperaturas templadas o ligeramente frías, prefieran evitar exponerse al sol y quedarse en el carro con el aire acondicionado encendido. Pero para los que viajamos en bus, no nos queda de otra mas que buscar una sombrita y comprarnos un juguito. El mediodía suele ser muy intenso, las calles se encuentran desiertas e incluso los locales prefieren hacer la siesta antes que salir a tostarse a la calle.

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Aproximarse a la montaña cambia radicalmente la situación. La humedad comienza a sentirse casi de inmediato, acompañada de algunas refrescantes ráfagas de viento. Pese a estar separada por unos míseros 11 kilómetros de Esquipulas, la aldea Plan de la Arada se encuentra entre varias montañas boscosas y el clima es muuuy diferente, es casi frío de hecho. Durante el camino, se pueden apreciar las enormes quebradas, bosques y barrancos que caracterizan a la Reserva Biosfera Trifinio. En los alrededores existen muy pocos cultivos, principalmente maíz y café. Lo bien que se ha cuidado el bosque permite que diferentes ríos y arroyos irriguen los terrenos, propiciando una buena fertilidad del suelo.

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El ascenso al Montecristo inicia en Plan de la Arada. Los locales son de lo mas amable, siempre están dispuestos a compartir un cafecito y tortillas con queso e Ihuaxte. Para los que no saben que es Ihuaxte, es lo que en Guate conocemos como pepitoria. Yo tampoco lo sabía hasta que me lo explicaron ahí, así que no se sientan mal. La infraestructura turística aún no está muy desarrollada, pero eso no impide que Don Chilo, que es el guardabosque local, tenga una grandiosa vocación de servicio. A sus 54 años es capaz de recorrer las montañas de arriba para abajo incansablemente.

Al principio de la caminata todo parece bastante familiar. Un poco de milpa, otro poco de café, un riachuelo por aquí una cascada por allá. Bonito pero nada fuera de lo común. La cosa cambia al entrar al bosque. El sendero está totalmente cubierto por material orgánico y no se puede ver el cielo de lo tupido de la vegetación. En un cañón muy cercano al sendero corre un río. Yo no me imaginaba que iba a tener que cruzarlo una y otra vez. Y yo que aún tenía la esperanza de llegar con las botas secas al campamento…

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El río que hizo que se me empaparan los pies (y todo el cuerpo), es el responsable de los paisajes mas impresionantes que he visto en Guatemala. Una y otra vez bajaba de la montaña a gran velocidad dando lugar a muchas cascadas en el proceso. Como íbamos preparados para todo, se nos ocurrió que podíamos bajar a Rappel por una de ellas. Total, teníamos bastante cuerda como para tirarnos del puente Belice (con el riesgo de caernos con todo y puente). La cosa es que Don Chilo nos llevó a una catarata de unos 30 metros, y con Edgar Betancourth alias el Tocayo, rapeleamos un montón de veces. Fue lo máximo.

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Al principio me molestó un poco caminar con las botas mojadas. Pero como siempre ocurre, terminé resignándome. El sendero nos continuó llevando entre el cañón. Atravesábamos el río una y otra vez, mientras las cascadas se volvían rutinarias. Lo que también se volvió rutinario, fueron los pájaros. Es realmente increíble la variedad de pájaros que viven en ese bosque; lo curioso es que uno de ellos es el quetzal. Tristemente no pudimos verlo, pero Don Chilo nos dijo que quizá en Abril o Mayo tendríamos mas suerte.

Ya estaba atardeciendo cuando llegamos a lo que se conoce como la Cascada de la Golondrinas. En seguida nos dimos cuenta de la razón del nombre. En la roca vertical de 50 metros por la que cae la catarata, hay muchos agujeros en los que infinidad de golondrinas anidan. Antes del atardecer, muchas de ellas salen y revolotean en el claro de bosque que se forma, generando un gran alboroto. Lo mas bonito de esta parte, es que aparte de la catarata principal, se forman otras pequeñas cascadas y pozas. Muy pocas personas van allí, lo que hace que el área esté perfectamente conservada y limpia. Es casi mágico.

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El sendero continúa ascendiendo hasta casi desaparecer, engullido por la vegetación. Inconscientes de lo que nos esperaba, nos alcanzó la noche y tuvimos que acampar sobre el camino, en un pequeña planicie que encontramos. Aquí quiero decir que no fue precisamente la noche mas cómoda de mi vida; pasar con la cara pegada al toldo de la carpa a causa del desnivel puede llegar a ser algo molesto, pero como siempre, la resignación es la respuesta. En lo positivo, por fin me pude quitar las botas mojadas. Eso es alivio.

En la mañana, continuamos el ascenso en busca de la cumbre. En esa sección, el sendero parte para nunca mas volver. Tuvimos que continuar a machete. Finalmente, tras un ascenso interesante escalando, macheteando y comiendo monte con telarañas, llegamos a la cumbre a 1960 msnm. La vegetación ahí es densa; las variedades de orquídeas, musgos, helechos, bromeliáceas, árboles y aves no escasean. Durante el camino también encontramos un par de huellas de venado y vimos una ardilla. La abundancia de vida allí es abrumadora.

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La Reserva Biosfera Trifinio consta de 157.37 hectáreas, es administrada por las vicepresidencias de Guatemala, El Salvador y Honduras. Cuenta con diversas especies protegidas tanto de flora como de fauna, las cuales habitan en un “Bosque muy húmedo subtropical frío”. Entre las especies mas representativas, destacan la monja blanca, el helecho gigante, el encino, el roble, el quetzal, el tigrillo, el venado cola blanca, el micoleón y el tucán verde.

Como dato interesante, la zona fue epicentro de los conflictos que se llevaron a cabo durante buena parte del siglo XIX entre los tres países fronterizos. La batalla de la Arada ocurrió el 2 de febrero de 1851, entre los ejércitos de Honduras, El Salvador y las fuerzas rebeldes de la Montaña por un lado, contra el ejército guatemalteco comandado por Rafael Carrera en el otro. La victoria aplastante de Carrera con un número inferior de tropas ha sido la más grande victoria del ejército guatemalteco. La importancia de esta batalla, radica en que puso un punto final a la Federación Centroamericana, mientras se definían las fronteras geopolíticas actuales.

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